Ante la imposibilidad de saldar las deudas adquiridas en el pasado, las empresas, personas físicas así como las familias pueden declararse en bancarrota. Con esto se argumenta que no se puede cumplir con los compromisos contraídos con los acreedores. Además, se pone al corriente a los prestamistas de que se está atravesando por una mala situación económica y no se poseen suficientes activos para pagar préstamos, hipotecas, tarjetas de crédito ni ninguna obligación financiera adquirida con bancos u otras instituciones.
Teniendo en cuenta la importancia de este proceso, es fundamental conocer, ¿cómo declararse en bancarrota?

Requerirá la ayuda de un profesional

Uno de los primeros aspectos a tener en cuenta antes de comenzar con la declaración judicial de estado de bancarrota es contratar los servicios profesionales de un abogado. Este experto, en derecho bancario y finanzas preferiblemente, te guiará en todo el proceso. Con su asesoramiento y trabajo, obtendrás óptimos resultados en el menor tiempo posible.
Un vez que se realice la declaración judicial, se inicia un juicio de quiebras, conocido también como procedimiento concursal. En este, se concluye si la persona natural o jurídica puede pagar o no las deudas contraídas.

Se paralizan mayores deudas, recargos e intereses

Con esta acción, se asume que se da una situación de insolvencia y se procede a parar las cuotas de pago, así como la acumulación de recargos o créditos no pagados que han sido sumados a la deuda inicial. Además, se persigue el objetivo de hacer renegociaciones con los acreedores donde se aprueben nuevas condiciones que permitan amortizar las deudas, ya sea que amplíen el plazo de pago o reduzcan las cuotas.
Se puede conseguir que se apruebe un periodo de hasta cinco años para saldar los compromisos. En ocasiones, siempre que se demuestre que la situación es insalvable y no se cuenta con los recursos ni las personas que puedan ayudar a revertirla, se podría aplicar la Ley de Segunda Oportunidad. Con la que se cancelaría la deuda contraída.

Tipos de quiebra

Una vez que se realiza la declaración formal, se abre una investigación. Durante el proceso, todos tus acreedores se reúnen para analizar diferentes aspectos referentes a tu situación financiera. Entre ellos los motivos por los cuales llegaste a la quiebra. Por lo tanto se identifican tres tipos de quiebra: culpable, fortuita o fraudulenta. Estos tienen gran peso en los resultados emitidos en el proceso.
Después de analizar todos los elementos del caso, se procede a entregar a un juez la propuesta aprobada por los acreedores. Este último la supervisará y la aprobará en caso de estar de acuerdo con lo expresado en la misma.
De forma general se puede decir que la declaración en estado de bancarrota es un proceso que tiene que ser afrontado con total seriedad y diligencia. Hay que llevarlo a cabo siempre que no exista ninguna posibilidad para saldar las deudas pendientes.
Se recomienda contratar a un profesional para llevarlo a cabo y actuar en todo momento bajo su supervisión. Además, es necesario cooperar al máximo en todo el proceso con los acreedores y siempre entregar toda la información legal que contribuya a esclarecer la situación.